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El Diván del Psicoanálisis

Encontrar tus respuestas…

¿Sabemos cuáles son los deseos de los jóvenes? Los padres que legítimamente desean saber acerca de sus hijos tienen un desafío muy profundo para lograr una comunicación con éstos. Es necesario escuchar sus anhelos e ideales dejando los propios a un lado para acompañarlos en esta difícil labor artesanal de elegir y construir su vida. ¿Cómo propiciar que abran sus puertas al dialogo sin que los chicos se sientan intimidados o criticados? Para poder inclusive orientarlos y advertirles de los peligros que corren en la modalidad de las amistades virtuales es necesario incursionar sin escandalizarse en ese mundo que puede permanecer herméticamente cerrado y vedado para los adultos que es el de Internet y los gadgets.

Noticia del día 12 de marzo: Previa advertencia por medio de Internet, anunciando su fastidio por la vida y por los otros, vestido con un traje de combate y armado con una pistola, un ex alumno volvió a su plantel en Alemania para matar a 9 estudiantes, 3 profesores y a otras personas que encontró a su paso para suicidarse después. Dejó también a varios heridos en el camino. Se agrega luego: los mató en silencio, no dijo una sola palabra, sólo disparó el arma. Tenía 17 años. Una muchacha que fue su compañera comenta: “Era agradable, no era un solitario ni un macho”. El arma la tomó del arsenal de su padre.
Noticia del día 12 de marzo: Susana, de 15 años, fue secuestrada por una banda de tratantes de personas que buscan vender a las chicas con fines de explotación sexual. Fue enganchada a través de una red social en Internet. Se reportó su desaparición desde enero. Gracias a la persistencia de su madre, fue finalmente encontrada (casi milagrosamente), al parecer en condiciones físicas y psicológicas muy deterioradas. Ese día de enero, después de chatear, sale en silencio a la terminal de autobuses y compra un boleto hacia la ciudad de México, que le fue vendido sin mayor averiguación, aun siendo una menor de edad. Parte con una promesa: será una gran cantante. Sigue los pasos del destino, convencida de que alguien la comprendía y la iba a ayudar a realizar ese sueño. Otras adolescentes son persuadidas en veinte minutos de que van a ser grandes modelos, grandes estrellas de cine. Ricas y famosas, todo exorbitante. La mamá de Susana declara: “Cuando escuchaba de estos casos, yo decía: ‘A mí nunca me va a pasar’ y de pronto me pasó”      

                                                                              
Megan de 13 años pensó que había hecho una nueva amistad en el ciberespacio con un chico guapo. Se escribieron por un mes. El romance terminó cuando él le dijo haber escuchado que ella era cruel. Al día siguiente, la chica se suicida. Después la familia se entera que el jovencito no existía, era tan solo una invención de la mamá de una ex amiga de Megan.
¿Se percatan que en los tres casos reina el silencio, el desamparo, la ausencia de un padre y una enorme distancia entre padres e hijos?
Una primera interrogante que me surge es ¿cómo están interviniendo los tan anhelados objetos de deseo, los llamados gadgets en la vida de los adolescentes?
David Cronenmberg, cineasta canadiense, director de películas como Crash, Spider, la Mosca, aborda temas de ciencia ficción combinadas con inventos de alta tecnología, y nos revela cómo la televisión por ejemplo, se encarna en el espectador quedando dominado por las pulsiones (película Videodrome). Eso mismo podemos reconocer en Crash.     

                                                                                                                               
Los gadgets (computadoras, Ipods, videojuegos, teléfonos celulares, etc.) influyen y modifican las relaciones entre las personas y crean nuevas modalidades de vivir, de amar, de gozar y de sufrir desde que se han vuelto extensiones del propio cuerpo. Son los nuevos objetos de deseo que dan una sensación de poder y de control sobre sí mismos y sobre los otros, creyendo que se rompe a través de ellos lo imprevisible. Sin embargo, a través del uso disparatado de éstos se pueden jugar hasta los prestigios lastimándolos permanentemente mediante el ciberbulling. Son nuevas formas de violencia. Se engendra una dependencia hacia los objetos a la vez que quedan erotizados.       

                                                                                                        
Se ha instaurado un mundo privado y hasta secreto, donde los adultos tienen poco acceso. Los jóvenes son parte de una nueva carne, que se grava también a través de los tatuajes y el piercing, tal vez como una manera de preservar la identidad subjetiva o la necesidad de explorar nuevos límites en el cuerpo, de ir un poco más allá. Freud, en sus “Tres ensayos de teoría sexual” (1905) revela cómo la piel es fuente de excitaciones placenteras y dolorosas tornándose en una zona erógena.
La siguiente interrogante que quiero plantearles: ¿Cómo se juegan los ideales sociales en los adolescentes?
Los chicos buscan gozar un poco más a través de las drogas y el abuso del alcohol, es transgresión aunada a la declinación de la ley paterna. Igualmente los adultos buscamos huir del dolor y también transformamos nuestras carnes mediante la aplicación de cirugías estéticas en busca de la juventud eterna, que no nos haga caducar a los 35 años.
Ellos, como nosotros, no están exentos del ideal social del deber ser feliz para siempre. Escúchenlo bien: es un deber. Así enganchan en el anhelo desesperado por el reconocimiento social, la fama y el dinero como vías para lograrlo. Esta búsqueda ansiosa y exaltada por el menor dolor y la mayor felicidad, se ve desafiada por una constante falla por atraparla, lo cual hace pasar de la euforia a la depresión. Aquello que supuestamente habría de proporcionar el goce sólo es un espejismo que los enfrenta a su propio vacío.
La adolescencia es una época de elecciones, de reconsideraciones de la niñez, una nueva ubicación en el mundo de su sexualidad no organizado por las características físicas solamente. Los chicos que llegan al consultorio se encuentran generalmente aplanados en su deseo, en una lucha contra sí mismos por lo que fueron en la infancia y por los ideales familiares y sociales. Usualmente no hay un pequeño espacio para sus deseos. Se encuentran abatidos por la soledad y la desesperación, aunque virtualmente puedan estar rodeados de cientos de amigos en las redes sociales.
Los síntomas se manifiestan de muchas maneras: Demasiado sueño, flojera extrema, cambios de peso, abuso de drogas, impulsos suicidas, anorexia, indiferencia, sentimientos de inferioridad, desesperanza, transgresiones de reglas sociales, problemas académicos, irritabilidad persistente, constantes cefaleas…
¿Cuáles habrán sido las diversas señales de angustia, dolor o temor que lanzaron los muchachos de los casos que les conté en un principio? Seguramente fueron varias pero es ciertamente muy difícil para los padres o profesores darse cuenta de ellas y otras veces simplemente no quieren saber nada. No es raro encontrarse con mamás que no se han percatado que el hijo ya creció y se niegan a soltarlo de a poco porque acaso haya la esperanza de conservarlo niño permanentemente. Algunas madres lo logran ¿no? Lo notamos en aquellos hombres que teniendo cuarenta y tantos, casados y con hijos no se desprenden de los pliegues maternos.
Por un lado, la sociedad consumista ofrece una promesa de felicidad si se compran tales o cuales objetos, con lo cual los muchachos (y no solo ellos) quedan amarrados al augurio de diversión, control propio y de los otros y ruptura de límites; por el otro lado, el gran desencuentro entre el padre y la madre, hace decaer la estabilidad al no poder llegar a los mínimos acuerdos que contribuyan a construir pactos con los hijos. La lucha por la vida aunada a la búsqueda del éxito contrastan con la desesperanza por el futuro, aleja a los padres y se cierra la comunicación con los hijos, que a su vez, prefieren salvaguardar para sí sus dificultades y dudas.
El desafío de los padres que quieren saber acerca de sus hijos para acompañarlos en la adolescencia es muy profundo en la actualidad, pues con mucha frecuencia no se entienden o no se aceptan sus ideas o anhelos, son criticados o reciben la burla de los adultos. Tampoco se entiende ni se admite su manera de acceder a la sexualidad. ¿Cómo abrir el dialogo sin que por eso se sientan amenazados? ¿Cómo advertirles de los peligros que los acechan sin prohibirles que se sigan relacionando con los otros y buscando amistades o dando lugar al amor?
Por ejemplo, hay 187 millones de sitios donde se pueden ver cuerpos desnudos; maneras de mostrar el cuerpo propio a un extraño sin que el pudor sea un asunto por considerar. De enviar y recibir mensajes, fotografías y videos para alimentar relaciones en tiempo virtual, sitios generalmente desconocidos para los padres. Creo que es necesario incursionar sin escandalizarse por esos espacios para poder orientar mejor a los muchachos y eso desde los más pequeños.
Encontré un pensamiento de Hebe Tizio, que es sencillo de leer, pero su aplicación… no resulta tan simple:
“El adolescente es un artesano que se encuentra en un momento delicado, que necesita una posición del adulto que no exagere ni dramatice las cuestiones pero que sepa detectar si es necesario una ayuda, un límite o un voto de confianza que deje hacer al adolescente”.

 

                                                        

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