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El Diván del Psicoanálisis

Encontrar tus respuestas…

El semejante es el hermano, con quien se establece desde los primeros meses de la vida, la rivalidad, los celos y la envidia que van a permanecer por el resto de la vida. La comparacion que surge entre los semejantes ha propiciado que algunos sean colocados en el lugar de “losers”, es el fracasado, el que recibe burlas y humillaciones, mientras que el “ganador”, el “winner” es envidiado por poseer prestigio, fama, aprecio y envidia. Esto surge por la imaginaria creencia de que existe la posibilidad de ganar-ganar, cuando realmente todo el tiempo estamos perdiendo y ganando. Se sugieren algunas ideas para ayudar a los hijos a salir de esta dinamica del perdedor y el ganador.

En sus Confesiones, San Agustín daba cuenta de lo siguiente: “He visto y observado de cerca los celos en un pequeño. No hablaba todavía y fijaba, pálido, una amarga mirada sobre su hermano de leche ¿Quién no conoce esto? Las madres y las nanas pretenden conjurarlo por yo no sé cuántos remedios”.  

                En las Sagradas Escrituras, el primer muerto es un hermano: Las ofrendas que ofreció Abel a Dios le fueron aceptadas, pero no las que ofreció Caín, quien invadido por la rabia de los celos  asesina entonces a su hermano. 

                Para Lacan los celos es el fundamento mismo de la liga social. Esta dado por un conjunto de reacciones que reproducen la realidad del ambiente.

                 Los celos tienen así dos fuentes:

  1. La intrusión del otro: La existencia misma de los otros, esto es, cuando el niño descubre que no es el único en el mundo, hay otros como él, son sus semejantes. Comenzará a comparar lo que no tiene él  pero que sí tienen los otros,  y lo querrá para él, de ser posible arrebatándolo, sin querer compartir lo suyo por supuesto.  
  2. El destete: Es la pérdida sufrida  del objeto maternal.  Cuando va creciendo y tiene que irse alejando de su madre es el destete, éste provoca el deseo de muerte y la violencia sobre los que todavía poseen al objeto materno.  El niño se identifica con el otro, el hermano, el semejante y lo hace sufrir  lo que él ha sufrido, pero ahora triunfando.   

¿Cómo se conectan los celos con la envidia? Existe un puente fundamental que es justamente la mirada, invidia viene de videre, ver. El pequeño celoso que cuenta San Agustín, mira con envidia la satisfacción del otro.

¿No es acaso todo esto lo que se reproduce en casa, en la escuela y más tarde en los trabajos como si se tratara de una gran familia? Como vemos, los celos, la envidia y la rivalidad se instauran desde los primeros años de la vida y persisten quizá hasta el final de la misma.

Entre ser “Loser” o “Ganador”

En la actualidad, el uso común entre niños, adolescentes y jóvenes del  término  “loser”, (perdedor), es una manera de burlarse y de insultar al semejante,  es el gran gozo de los supuestos “ganadores”, los “winners”, o de los que lo quisieran ser.

¿Qué quiere decir ser  “loser”? Es al que todo le sale mal y falla con frecuencia. No tiene dinero, no se le cree, no se le ama, no se le respeta. Probablemente es el que no le pone los cuernos a su novia, no conquista a las chicas, duerme 16 horas y el resto está en la computadora porque está marginado de la vida social, tal vez no se viste con ropa de marca, está “gordito” o “llenita” porque no llena los requisitos de la delgadez actual para ser atractivo o bella, los populares no le hacen caso y es muchas veces víctima de bullying pues se les considera débiles e indefensos.  En algunos casos tiene una fuerte connotación sexual en tanto que es el que no puede con las mujeres.

El ganador, el “winner”, es ante todo ambicioso, quiere tener dinero y poder, es el campeón con las chicas, las conquista y luego las bota. Según algunos que creen que existen ganadores y perdedores e idealizan a los primeros, el “winner” tiene la respuesta a los problemas mientras que el “loser” es un problema o por lo menos el hazmerreír colectivo. El ganador es  líder,  delgado o  esbelta, está a la última moda, tiene la computadora más nueva y el celular más reciente, a veces son  los llamados “Fresas”. 

                Tanto “losers” como “ganadores” cubren ciertos requisitos pero en realidad no se sabe qué pierden unos o qué ganan los otros, debido a que en la vida práctica nos la pasamos perdiendo unas veces y ganando otras.  Tiene que ver con este imaginario anhelo del ganar-ganar, hoy tan renombrado, donde se nota que a nadie le gusta perder pero sí le gusta ver que los otros  pierden y al identificarse con el perdedor se burlan de éste.

                El caso es que aquel señalado como “loser”, suele sufrir el apelativo y a veces lo adopta y lo actúa en todos los ámbitos de su vida: escuela, amigos, trabajo, familia, amor, comportándose como alguien que no puede. Instalado en la impotencia, se siente culpable por fallar a sus padres y ante sí mismo, humillado y deficiente.   

                El supuesto ganador, paradójicamente está también  en el terror por la amenaza  de perder su lugar “privilegiado”, hará lo que sea para seguir siendo popular,  apreciado y envidiado por los otros aun a pesar de sí mismo. Paradójicamente también es odiado por tener lo que supuestamente los otros no tienen. Es tan vulnerable ese lugar, que otro puede sustituirlo fácilmente y pasar entonces a la fila de los losers, pues también se instaura una competencia entre los mismos ganadores para ser “the best of the best”, por tanto ahí también se produce un perdedor, además  ¿a quién no le ha ocurrido tropezarse cuando se quiere desplegar los encantos ante una chica o un chico y entonces quedar en el peor de los ridículos? La naturaleza humana es equivocarse sorpresiva y constantemente, sin distingo de raza, sexo o estatus social.  Tanto se aflige el perdedor como el ganador.

 

                Como pueden ver, jugar ese juego, entrar a esos lugares es riesgoso y feroz. ¿Cómo entonces ayudar a nuestros hijos con este sufrimiento?

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                En primer lugar, como padres es importante no creer en lo más mínimo que se es un ganador o un perdedor. Todo el tiempo estamos ganando y perdiendo, a veces nos equivocamos y otras acertamos, no existe tal cosa como ganar-ganar y es importante transmitirlo así a los hijos.

                Bien podrían los padres evitar apodar a su hijo “campeón”, deseando que lo sea, esperando que no vaya a fallarle al padre, a la madre, a sus altas expectativas. Se espera que se transforme en un importante empresario  y el hijo quiere ser actor de teatro. El hijo ni siquiera se atreve a hablar de sus deseos porque representaría la decepción familiar, entonces falla en su intento de realizar la carrera emprendedora que sus padres sueñan para él o ella.

Suele ocurrir que los hijos son comparados unos con otros y entonces el odio entre hermanos es como el de Caín y Abel, uno de ellos busca la aprobación de los padres y el otro es la vergüenza familiar porque se la pasa reprobando, porque no tiene las calificaciones del hermano. Mientras uno brilla, el otro se opaca. No se necesita tener hermanos de sangre para padecer de esto mismo ante los ojos de los profesores o de otros adultos. Hermano es el semejante.

Si la hija es gordita ¿Por qué insistirle en que sea flaca? ¿Es la mamá a través de la hija  la que quiere verse como una modelo? ¿No es a veces la rivalidad entre adultos, entre madres, entre padres, por la que se les empuja a los hijos a hacer tal o cual cosa sin preguntarse qué quiere el hijo sino que se le quiere lucir.

Suele ocurrir que mientras más se insiste en que el hijo sea de tal o tal manera, bajo el argumento de que es por su bien, éste haga exactamente lo contrario. Es vital dejar que  busque y encuentre su camino por sí mismo aunque no corresponda a lo que hemos  ilusionado que sea.

                                                                          

 

 La madurez es poder aceptar que otros saben más que uno y tienen más que uno, porque siempre habrá otro que tenga más o sepa más o pueda más. Como padres, nuestro gran triunfo es cuando contribuimos  a que nuestros hijos  estén contentos de compartir la vida con los semejantes, sin entregarse a la fiereza  de la envidia, la rivalidad o los celos, esa es la fraternidad.

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