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El Diván del Psicoanálisis

Encontrar tus respuestas…

La frustracion

¿Cuáles son los sueños de tu vida? Casi todo mundo tiene uno o varios de ellos. Voy a enumerar algunos: Hacer estudios, vivir solo, habitar en una casa rodante, formar una familia, practicar un deporte, ser músico, escritor, crear un negocio, adelgazar, viajar, ser trotamundos, mudarse a otra ciudad, a otro país… ¿Te sientes identificado con alguno de estos sueños o tienes otros muy distintos?
Los sueños que entretejes van de acuerdo a tu historia y a la trayectoria de tu vida. Los hay locos, convencionales, estabilizadores, aventureros, insólitos, innovadores… Lo que tal vez tengan en común es que son en general difíciles de lograr, por eso mismo valen la pena y no se alcanzan de la noche a la mañana.
Tener sueños es lo básico, es un buen comienzo para construir un proyecto. Sin embargo, es común que la gente tenga muchas fantasías de lo que le gustaría en su vida, pero realmente nunca los aterriza ¿En eso estás?
Pensemos ¿Cuántas veces ante los anhelos que quisieras lograr dices con desesperación: “¡no puedo!” y ves pasar el tiempo sin siquiera plantearte en serio qué y cómo harías para alcanzarlos. Para ser sincero, ni siquiera te crees por un momento que sean realmente tuyos, están tan lejos que ni te los adueñas, o bien ni siquiera quieres responder a tu propia pregunta, te ignoras y sigues con la jornada diaria del deber, el sacrificio, la impotencia y el aburrimiento.
Si profundizamos un poco, cuando te pones a imaginar lo que implicaría impulsarte para conseguir un propósito, te da flojera. Quizá implica empezar de cero, tal vez significa arriesgar lo que ya tienes seguro, te paralizas o sientes no saber o tener lo suficiente para emprender el camino.
¿O realmente no quieres lo que afirmas querer y entonces antepones un montón de pretextos? (Es muy difícil, no le atraigo a nadie, no sé cómo, no se puede, está muy lejos, tengo que trabajar y no tengo tiempo, es muy cansado…)
Me parece que la explicación de por qué solemos dejar únicamente en la fantasía lo que deseamos, la podemos ir bordeando por el lado de la angustia, ese hueco que nos causa hacer algo diferente a lo que hemos hecho siempre, a romper con lo conocido aunque nos da tan pocas satisfacciones o ninguna, ¿preferible eso a lo incierto? ¡Qué ganas de que hubiera Otro que resolviera el problema! Sería una buena manera de evitar la angustia y de continuar en la comodidad de lo que no tiene riesgo, sin embargo, eso no existe. Continuar esperando que suceda el milagro es solo sumirse aun más en la impotencia.
Freud escribió un texto que se llama “Los que fracasan al triunfar” (1916). Luego de un gran esfuerzo por lograr un deseo largamente acariciado, la persona misma se empeña en que se eche a perder, por ejemplo arreglárselas para ser corrido de un empleo que se intentó conseguir por mucho tiempo o romper una relación amorosa feliz. Dice Freud: es porque el individuo no cree ser merecedor de un privilegio y siente culpabilidad al alcanzarlo.
Tampoco se enfrentan con la angustia los que se alcoholizan o se drogan. Es el modo más simple de envenenar el deseo pues la satisfacción es inmediata y maquinal ¿para qué esforzarse si el goce lo tienen colgado como llavero? Lacan dijo que la droga es lo que permite romper el matrimonio con el pequeño pipí.
En las actuales sociedades de consumo, se aspira a obtener satisfacciones inmediatas sin angustia, sin esfuerzo, sin perder. Por eso tienen tanto éxito los fármacos que se anuncian como la panacea contra la depresión.
¿Y qué hacer?
1. Si te sientes impotente para realizar cualquier deseo, es muy probable que necesites hablar de esto. Los fármacos no lo resuelven porque es inconsciente todo aquello que te paraliza. Los psicoanalistas están preparados para escuchar.
2. Si tienes flojera, toma en cuenta que ningún deseo encuentra su satisfacción sin empeño. Para ganar hay que perder por ejemplo comodidad, certezas y seguridad.
3. Si te angustia no saber o no tener lo suficiente para ir atrás de un sueño considera que siempre se está carente, si no fuera así, si no se estuviera en falta, serías un pobre inmortal.
4. Apropiarse del deseo se llama subjetivarlo, es decir, hacerlo tuyo, paso indispensable.
5. Lo que te sugiero entonces es que notes que sin angustia no se puede alcanzar nada.

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