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El Diván del Psicoanálisis

Encontrar tus respuestas…

Tag Archives: adolescencia

Este título me fue sugerido por una querida amiga que ahora tiene dos hijas adolescentes y una niña muy pronta a serlo también. ¿Cómo le hablo de sexo a mi hijo o hija adolescente? Es actualmente una inquietante cuestión para los papás, quizá porque no queremos ser como fueron nuestros padres: unas tumbas. Hemos de admitir que no se complicaban tanto, su actitud era tal que nadie se atrevía a averiguar nada con ellos. Lo que normalmente la sociedad esperaba era que las muchachas salieran de casa vestidas de blanco y de los muchachos que tomaran experiencia sexual para que aseguraran su hombría.
Los padres modernos anhelamos ser muy abiertos con los hijos, que nos confíen sus secretos, nos interroguen sobre sexo y ser capaces de responderles con la mayor naturalidad. Sin embargo, a la hora de poner en práctica estos buenos deseos, nos tropezamos ruidosamente pues no nos sentimos muy seguros, nos invade el desconocimiento, la vergüenza y los prejuicios, en pocas palabras, nuestras represiones suelen sorprendernos inevitablemente ante la sexualidad tan prolija propia de esta época. ¿Qué le digo? ¿Cuánto le digo? ¿Cómo se lo digo? Son algunas de las dudas que nos asaltan, ¿no es así?
Quizá nos inquietamos un poco más cuando recordamos nuestra adolescencia. No le andábamos contando a los padres lo que sabíamos, lo que hacíamos y cuando lo hacíamos, en gran parte porque los padres no estaban dispuestos a tolerar “cochinadas” y por otra, porque los hijos casi nunca son tan comunicativos con sus padres en cosas del cuerpo y del sexo por más que les hemos dicho que somos muy abiertos y que en casa se puede decir pene y vagina sin problema.
Bueno, ¿entonces que hacemos con la pregunta de mi amiga y de los padres que están a la expectativa de una respuesta al menos más concreta? Vamos por pasos, ¿les parece?
En primer lugar les diré que en esto no hay higiene, es decir, querer comunicar algo a nuestros hijos sobre sexualidad sin que estemos de alguna manera involucrados con nuestra propia historia y experiencias afortunadas o muy infortunadas y como dije, con nuestras represiones, es una tarea imposible. Algunas veces les decimos: “Mira te compré este libro, léetelo para que estés enterado de cómo cuidarte con el sexo” y ya. ¿Misión cumplida? No por supuesto.
Segundo. Piensa sinceramente qué quisieras transmitirle. Especialmente las mamás tenemos la tentación de expresarles a las hijas: “Estos son los anticonceptivos, estas son las enfermedades de transmisión sexual, el embarazo es una consecuencia más por no usar anticonceptivos” bla, bla, bla, “Pero eso es para otras chavas, tú, por favor, no tengas sexo hasta que te cases, si tienes novio, nomás de manita sudada”. ¿Me equivoco? Me he encontrado que en muchas ocasiones el motivo verdadero por el que no permiten a las hijas salir a campamentos, ir a fiestas, en fin divertirse, es en el fondo no tanto porque les ofrezcan droga, sino que puedan tener sexo.
¿Y a los muchachos? Por ejemplo, un tema que he notado que inquieta a los papás especialmente, es que quieren que los chicos demuestren ser “hombrecitos”, no vayan a andar con “mariconadas”. Me he topado con padres verdaderamente obsesionados con esto hasta un nivel destructivo y si el hijo se inclina por las artes, bueno, ¡el grito en el cielo! ¿Cómo que le gustan las cosas de nenas? A la mejor declaramos que somos muy abiertos con el tema gay- lesbian, ningún problema porque se casen y adopten niños, pero ¿Qué harías si un día descubres que tu hijo es gay?
Tercero. Lo que le quieras decir, exprésalo sin convocar a una asamblea en la que vas a emitir un discurso solemne sobre las verdades de la vida. Cuando mi esposo y yo intentamos hacer esto con nuestras hijas, ellas se enojaron y nos mandaron a volar en un instante ¿quisimos ser higiénicos para no decir nada de nosotros mismos? No lo sé. Por mi experiencia de mamá y mi experiencia como analista con adolescentes es que no hay cosa que odien más que los discursos de padres, maestros y demás autoridades. Cuando no podemos evitarlo y se los aplicamos, perdemos con ello buena parte de nuestro prestigio ya de por sí deteriorado. Recuerden que los adolescentes dejan de creer tanto en los adultos, pues es parte fundamental del proceso de su crecimiento hacia la adultez.
Dado lo anterior, nosotros optamos por lo casual para comunicarnos con nuestras recientemente adolescentes. Ejemplo: cuando ven un programa de televisión donde una adolescente resulta embarazada como consecuencia de haberse acostado con un desconocido, luego de un reventón donde ambos bebieron sin medida, alguna de mis hijas comenta: “Mira, tan chica y está embarazada, ¡qué tonta! Ya no va a poder estudiar y encima ni conocía al muchacho, él tenía ya su novia, no le interesa que embarazó a la otra chava”.
Ahí mi esposo o yo lanzamos un comentario: “Y pensar que se dejó llevar por la emoción del momento y por el alcohol. Lo han de haber hecho en el coche y ni del condón se acordaron. Hasta a la estación de policía pudieron haber ido a dar por andar de calenturientos donde sea. Puede todavía abortar, pero eso va a ser una experiencia muy difícil para ella, lo pudo haber evitado.”
En el comentario de mi hija, escucho varias cosas de la forma en la que ella piensa:
Que si te embarazas muy chica te comprometes y ya ni estudio ni diversión va a haber para ti.
Que si te metes con un desconocido vas a estar sola en esto del embarazo.
Por supuesto, no sabemos que hará ella con su propia vida, pero nosotros no queremos dejar de advertirle a cada una, que es importante medir las consecuencias de los actos propios.
Ellas suelen hacer este tipo de comentarios con nosotros de lo que ven en la televisión o también sobre sus compañeros de la escuela o de chicas o chicos que ven en la calle. Su estilo personal es nunca preguntarnos qué opinamos sobre esto o aquello, pero escuchan nuestras respuestas. Con ello, nos damos cuenta qué es lo que les preocupa y no nos adelantamos a emitir comentarios de lo que solo creemos que a ellas les interesa del tema.
Esta es una de las soluciones que hemos encontrado a la pregunta de “¿Cómo le hablo de sexo a mi adolescente?” Otros padres podrían transmitirnos sus experiencias y les ruego que nos las compartan pues serán muy interesantes para todos nosotros y seguramente disminuiremos un poco más la ignorancia.

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Noticia del día 12 de marzo: Previa advertencia por medio de Internet, anunciando su fastidio por la vida y por los otros, vestido con un traje de combate y armado con una pistola, un ex alumno volvió a su plantel en Alemania para matar a 9 estudiantes, 3 profesores y a otras personas que encontró a su paso para suicidarse después. Dejó también a varios heridos en el camino. Se agrega luego: los mató en silencio, no dijo una sola palabra, sólo disparó el arma. Tenía 17 años. Una muchacha que fue su compañera comenta: “Era agradable, no era un solitario ni un macho”. El arma la tomó del arsenal de su padre.
Noticia del día 12 de marzo: Susana, de 15 años, fue secuestrada por una banda de tratantes de personas que buscan vender a las chicas con fines de explotación sexual. Fue enganchada a través de una red social en Internet. Se reportó su desaparición desde enero. Gracias a la persistencia de su madre, fue finalmente encontrada (casi milagrosamente), al parecer en condiciones físicas y psicológicas muy deterioradas. Ese día de enero, después de chatear, sale en silencio a la terminal de autobuses y compra un boleto hacia la ciudad de México, que le fue vendido sin mayor averiguación, aun siendo una menor de edad. Parte con una promesa: será una gran cantante. Sigue los pasos del destino, convencida de que alguien la comprendía y la iba a ayudar a realizar ese sueño. Otras adolescentes son persuadidas en veinte minutos de que van a ser grandes modelos, grandes estrellas de cine. Ricas y famosas, todo exorbitante. La mamá de Susana declara: “Cuando escuchaba de estos casos, yo decía: ‘A mí nunca me va a pasar’ y de pronto me pasó”      

                                                                              
Megan de 13 años pensó que había hecho una nueva amistad en el ciberespacio con un chico guapo. Se escribieron por un mes. El romance terminó cuando él le dijo haber escuchado que ella era cruel. Al día siguiente, la chica se suicida. Después la familia se entera que el jovencito no existía, era tan solo una invención de la mamá de una ex amiga de Megan.
¿Se percatan que en los tres casos reina el silencio, el desamparo, la ausencia de un padre y una enorme distancia entre padres e hijos?
Una primera interrogante que me surge es ¿cómo están interviniendo los tan anhelados objetos de deseo, los llamados gadgets en la vida de los adolescentes?
David Cronenmberg, cineasta canadiense, director de películas como Crash, Spider, la Mosca, aborda temas de ciencia ficción combinadas con inventos de alta tecnología, y nos revela cómo la televisión por ejemplo, se encarna en el espectador quedando dominado por las pulsiones (película Videodrome). Eso mismo podemos reconocer en Crash.     

                                                                                                                               
Los gadgets (computadoras, Ipods, videojuegos, teléfonos celulares, etc.) influyen y modifican las relaciones entre las personas y crean nuevas modalidades de vivir, de amar, de gozar y de sufrir desde que se han vuelto extensiones del propio cuerpo. Son los nuevos objetos de deseo que dan una sensación de poder y de control sobre sí mismos y sobre los otros, creyendo que se rompe a través de ellos lo imprevisible. Sin embargo, a través del uso disparatado de éstos se pueden jugar hasta los prestigios lastimándolos permanentemente mediante el ciberbulling. Son nuevas formas de violencia. Se engendra una dependencia hacia los objetos a la vez que quedan erotizados.       

                                                                                                        
Se ha instaurado un mundo privado y hasta secreto, donde los adultos tienen poco acceso. Los jóvenes son parte de una nueva carne, que se grava también a través de los tatuajes y el piercing, tal vez como una manera de preservar la identidad subjetiva o la necesidad de explorar nuevos límites en el cuerpo, de ir un poco más allá. Freud, en sus “Tres ensayos de teoría sexual” (1905) revela cómo la piel es fuente de excitaciones placenteras y dolorosas tornándose en una zona erógena.
La siguiente interrogante que quiero plantearles: ¿Cómo se juegan los ideales sociales en los adolescentes?
Los chicos buscan gozar un poco más a través de las drogas y el abuso del alcohol, es transgresión aunada a la declinación de la ley paterna. Igualmente los adultos buscamos huir del dolor y también transformamos nuestras carnes mediante la aplicación de cirugías estéticas en busca de la juventud eterna, que no nos haga caducar a los 35 años.
Ellos, como nosotros, no están exentos del ideal social del deber ser feliz para siempre. Escúchenlo bien: es un deber. Así enganchan en el anhelo desesperado por el reconocimiento social, la fama y el dinero como vías para lograrlo. Esta búsqueda ansiosa y exaltada por el menor dolor y la mayor felicidad, se ve desafiada por una constante falla por atraparla, lo cual hace pasar de la euforia a la depresión. Aquello que supuestamente habría de proporcionar el goce sólo es un espejismo que los enfrenta a su propio vacío.
La adolescencia es una época de elecciones, de reconsideraciones de la niñez, una nueva ubicación en el mundo de su sexualidad no organizado por las características físicas solamente. Los chicos que llegan al consultorio se encuentran generalmente aplanados en su deseo, en una lucha contra sí mismos por lo que fueron en la infancia y por los ideales familiares y sociales. Usualmente no hay un pequeño espacio para sus deseos. Se encuentran abatidos por la soledad y la desesperación, aunque virtualmente puedan estar rodeados de cientos de amigos en las redes sociales.
Los síntomas se manifiestan de muchas maneras: Demasiado sueño, flojera extrema, cambios de peso, abuso de drogas, impulsos suicidas, anorexia, indiferencia, sentimientos de inferioridad, desesperanza, transgresiones de reglas sociales, problemas académicos, irritabilidad persistente, constantes cefaleas…
¿Cuáles habrán sido las diversas señales de angustia, dolor o temor que lanzaron los muchachos de los casos que les conté en un principio? Seguramente fueron varias pero es ciertamente muy difícil para los padres o profesores darse cuenta de ellas y otras veces simplemente no quieren saber nada. No es raro encontrarse con mamás que no se han percatado que el hijo ya creció y se niegan a soltarlo de a poco porque acaso haya la esperanza de conservarlo niño permanentemente. Algunas madres lo logran ¿no? Lo notamos en aquellos hombres que teniendo cuarenta y tantos, casados y con hijos no se desprenden de los pliegues maternos.
Por un lado, la sociedad consumista ofrece una promesa de felicidad si se compran tales o cuales objetos, con lo cual los muchachos (y no solo ellos) quedan amarrados al augurio de diversión, control propio y de los otros y ruptura de límites; por el otro lado, el gran desencuentro entre el padre y la madre, hace decaer la estabilidad al no poder llegar a los mínimos acuerdos que contribuyan a construir pactos con los hijos. La lucha por la vida aunada a la búsqueda del éxito contrastan con la desesperanza por el futuro, aleja a los padres y se cierra la comunicación con los hijos, que a su vez, prefieren salvaguardar para sí sus dificultades y dudas.
El desafío de los padres que quieren saber acerca de sus hijos para acompañarlos en la adolescencia es muy profundo en la actualidad, pues con mucha frecuencia no se entienden o no se aceptan sus ideas o anhelos, son criticados o reciben la burla de los adultos. Tampoco se entiende ni se admite su manera de acceder a la sexualidad. ¿Cómo abrir el dialogo sin que por eso se sientan amenazados? ¿Cómo advertirles de los peligros que los acechan sin prohibirles que se sigan relacionando con los otros y buscando amistades o dando lugar al amor?
Por ejemplo, hay 187 millones de sitios donde se pueden ver cuerpos desnudos; maneras de mostrar el cuerpo propio a un extraño sin que el pudor sea un asunto por considerar. De enviar y recibir mensajes, fotografías y videos para alimentar relaciones en tiempo virtual, sitios generalmente desconocidos para los padres. Creo que es necesario incursionar sin escandalizarse por esos espacios para poder orientar mejor a los muchachos y eso desde los más pequeños.
Encontré un pensamiento de Hebe Tizio, que es sencillo de leer, pero su aplicación… no resulta tan simple:
“El adolescente es un artesano que se encuentra en un momento delicado, que necesita una posición del adulto que no exagere ni dramatice las cuestiones pero que sepa detectar si es necesario una ayuda, un límite o un voto de confianza que deje hacer al adolescente”.

 

                                                        

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Este video habla sobre la constitución sexual en la adolescencia, la masturbación, la angustia y los cambios en el cuerpo.

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