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El Diván del Psicoanálisis

Encontrar tus respuestas…

Tag Archives: deseo

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El abuso y la violencia hacia los más cercanos, son actos en los cuales se franquea un límite generándose ataques de uno hacia el otro de manera verbal y/o verbal y física. Repetidos episodios sopesados frecuentemente como insignificantes, tienden a trivializarse: “Hoy igual que la semana pasada, nos gritamos, nos dimos unos empujones, leves. Son cualquier cosa, no tienen importancia, al rato estamos como si nada. Me fascinan las reconciliaciones, todo se arregla en la cama o con regalos”.

Otras veces, se reacciona culpándose a sí mismo: “Yo tengo la culpa de que él (ella) se enoje conmigo, todo lo hago mal, él (ella) me corrige por mi bien”. Justificando asi las acciones abusivas del otro. La mayoría de las veces, existe un malestar como ansiedad, depresión o stress. No es de extrañarse que quien está bajo la dinámica del abuso y la violencia sea miope ante su propia circunstancia, sin poder nombrar lo que le ocurre. Una paciente empezó por preguntarse por qué su partenaire era tan encantador con todos menos con ella y los niños. Para ellos solo tenía malhumor y malos modos. Preguntarse acerca de lo que pasa es un primer avance hacia el cambio, pues la “normalidad” queda en entredicho.

El abuso y la violencia doméstica suelen responder a un ciclo que puede iniciar con intimidaciones o humillaciones que en realidad son pequeñas señales de alarma aunque dificilmente identificables para quien esta adentro de la escena.   Tienen apenas un efecto emocional o físico. Sin embargo, en su conjunto van conformando un patron ciclico de abuso que sube de tono y culmina con el arrepentimiento y la promesa: “Nunca más volverá a suceder mi amor”.

Elegir constantemente el silencio ante el conflicto es un recurso temporal, falso y peligroso usado para  evadir las desaveniencias. Ignorar lo que molesta conlleva un incremento del resentimiento puesto que es el alimento del odio, en consecuencia deteriorando gradualmente la relación entre partenaires. Temor a ser abandonado, a las explosiones violentas o la creencia de que el abuso es justificable y tiene razón de ser, son componentes tóxicos de las relaciones entre partenaires.  El silencio suele quedar entremezclado con diversas variedades de abuso y violencia doméstica, ostensible en gritos, aislamiento, control del dinero, humillación, ridiculización pública, insultos, golpes, apodos, intento de estrangulamiento, lanzamiento de objetos, aporreos contra la pared, escenas de celos. En la actualidad, muchas parejas suelen revisar los celulares, el email o el Facebook de sus partenaires pues están aterrados por la amenaza de una traición.

Esta descripción crea un enigma para mi: ¿Por qué se ejerce la violencia y el abuso hacia los más cercanos? Intentaré dar algunas respuestas a mi pregunta.

 

La familia es un producto de la cultura. En ella existen leyes y prohibiciones que dan lugar al ejercicio de la autoridad del adulto sobre el niño. En el matrimonio, asimismo, se establecen relaciones de intimidad. A diferencia de los animales, la familia humana no responde a ningún instinto o hecho biológico. En el interior de ésta se reporoducen multiples hechos psicológicos que se transmiten como herencia.

Los celos son una parte inherente en los seres humanos. Lacan, en su texto de los Complejos Familiares, da cuenta de que niños entre los seis meses y dos años de edad parecen reconocer en el otro a un rival. Por ello despliegan hacia el otro seducción, despotismo y muestras de odio. ¿Será que la madurez significa la aceptación de que el otro también exista?

Las sociedades modernas han idealizado a la familia, afirmando que su principal finalidad es el establecimiento de lazos de amor. La realidad es que en su seno se manifiestan también el odio, el rencor, la hostilidad y la rivalidad. Los celos son una competencia con el hermano como parte de la estructuración psicológica del sujeto a travez de la identificación con el otro, objeto de la violencia. Es la pulsión destructiva, pulsión de muerte que la genialidad de Freud detectó.

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En los relatos de hombres y mujeres arrestados por ofender la ley, se escucha una lucha contra el otro porque consideraron que debían dominarlo. No negociaron o procuraron tramitar sus desacuerdos. Lo convirtieron en una lucha narcisista contra quien creyeron que los podia destruir, semejante a la reacción infantil que Lacan anotó dentro de los pequeños rivales, hermanos (frère) enfrascados en la frèrocité. Las drogas y el alcohol generalmente los ayudaron a relajar sus pulsiones, dando rienda suelta a los deseos de dominio.  La familia se sostiene como manifestación de la cultura a través de lo simbólico, quiero decir está mediada por la palabra. Cuando en lugar de la palabra, del lenguage, se pasa al acto de la violencia, ya no existe mediación, se han roto los límites.

Asi como el odio, la agresividad, la competitividad y la rivalidad son parte de la configuración psíquica  también coexisten el sentido del amor, el deseo, la identificación y el eros. Son todos ellos elementos que ayudan a que la civilización subsista. El odio y el abuso son actos primitivos tendientes a la destrucción que corresponden a la pulsión de muerte,. Cuando las pulsiones de muerte se colocan contra sí mismo, ello se traduce en el masoquismo o el suicidio.

Quien se coloca en el lugar de querer ser todo, de mandar en todo, de apropiarse de los hijos o del partenaire, tiene que ser detenido pues está gozando desde la arbitrariedad de la violencia. Dado que los humanos tenemos pulsiones de muerte y de vida, nos toca tramitar dentro de la familia ambas pulsiones, transformando en palabras en lugar de actos, haciendo caso de la prohibición de destruir al otro.

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Noticia del día 12 de marzo: Previa advertencia por medio de Internet, anunciando su fastidio por la vida y por los otros, vestido con un traje de combate y armado con una pistola, un ex alumno volvió a su plantel en Alemania para matar a 9 estudiantes, 3 profesores y a otras personas que encontró a su paso para suicidarse después. Dejó también a varios heridos en el camino. Se agrega luego: los mató en silencio, no dijo una sola palabra, sólo disparó el arma. Tenía 17 años. Una muchacha que fue su compañera comenta: “Era agradable, no era un solitario ni un macho”. El arma la tomó del arsenal de su padre.
Noticia del día 12 de marzo: Susana, de 15 años, fue secuestrada por una banda de tratantes de personas que buscan vender a las chicas con fines de explotación sexual. Fue enganchada a través de una red social en Internet. Se reportó su desaparición desde enero. Gracias a la persistencia de su madre, fue finalmente encontrada (casi milagrosamente), al parecer en condiciones físicas y psicológicas muy deterioradas. Ese día de enero, después de chatear, sale en silencio a la terminal de autobuses y compra un boleto hacia la ciudad de México, que le fue vendido sin mayor averiguación, aun siendo una menor de edad. Parte con una promesa: será una gran cantante. Sigue los pasos del destino, convencida de que alguien la comprendía y la iba a ayudar a realizar ese sueño. Otras adolescentes son persuadidas en veinte minutos de que van a ser grandes modelos, grandes estrellas de cine. Ricas y famosas, todo exorbitante. La mamá de Susana declara: “Cuando escuchaba de estos casos, yo decía: ‘A mí nunca me va a pasar’ y de pronto me pasó”      

                                                                              
Megan de 13 años pensó que había hecho una nueva amistad en el ciberespacio con un chico guapo. Se escribieron por un mes. El romance terminó cuando él le dijo haber escuchado que ella era cruel. Al día siguiente, la chica se suicida. Después la familia se entera que el jovencito no existía, era tan solo una invención de la mamá de una ex amiga de Megan.
¿Se percatan que en los tres casos reina el silencio, el desamparo, la ausencia de un padre y una enorme distancia entre padres e hijos?
Una primera interrogante que me surge es ¿cómo están interviniendo los tan anhelados objetos de deseo, los llamados gadgets en la vida de los adolescentes?
David Cronenmberg, cineasta canadiense, director de películas como Crash, Spider, la Mosca, aborda temas de ciencia ficción combinadas con inventos de alta tecnología, y nos revela cómo la televisión por ejemplo, se encarna en el espectador quedando dominado por las pulsiones (película Videodrome). Eso mismo podemos reconocer en Crash.     

                                                                                                                               
Los gadgets (computadoras, Ipods, videojuegos, teléfonos celulares, etc.) influyen y modifican las relaciones entre las personas y crean nuevas modalidades de vivir, de amar, de gozar y de sufrir desde que se han vuelto extensiones del propio cuerpo. Son los nuevos objetos de deseo que dan una sensación de poder y de control sobre sí mismos y sobre los otros, creyendo que se rompe a través de ellos lo imprevisible. Sin embargo, a través del uso disparatado de éstos se pueden jugar hasta los prestigios lastimándolos permanentemente mediante el ciberbulling. Son nuevas formas de violencia. Se engendra una dependencia hacia los objetos a la vez que quedan erotizados.       

                                                                                                        
Se ha instaurado un mundo privado y hasta secreto, donde los adultos tienen poco acceso. Los jóvenes son parte de una nueva carne, que se grava también a través de los tatuajes y el piercing, tal vez como una manera de preservar la identidad subjetiva o la necesidad de explorar nuevos límites en el cuerpo, de ir un poco más allá. Freud, en sus “Tres ensayos de teoría sexual” (1905) revela cómo la piel es fuente de excitaciones placenteras y dolorosas tornándose en una zona erógena.
La siguiente interrogante que quiero plantearles: ¿Cómo se juegan los ideales sociales en los adolescentes?
Los chicos buscan gozar un poco más a través de las drogas y el abuso del alcohol, es transgresión aunada a la declinación de la ley paterna. Igualmente los adultos buscamos huir del dolor y también transformamos nuestras carnes mediante la aplicación de cirugías estéticas en busca de la juventud eterna, que no nos haga caducar a los 35 años.
Ellos, como nosotros, no están exentos del ideal social del deber ser feliz para siempre. Escúchenlo bien: es un deber. Así enganchan en el anhelo desesperado por el reconocimiento social, la fama y el dinero como vías para lograrlo. Esta búsqueda ansiosa y exaltada por el menor dolor y la mayor felicidad, se ve desafiada por una constante falla por atraparla, lo cual hace pasar de la euforia a la depresión. Aquello que supuestamente habría de proporcionar el goce sólo es un espejismo que los enfrenta a su propio vacío.
La adolescencia es una época de elecciones, de reconsideraciones de la niñez, una nueva ubicación en el mundo de su sexualidad no organizado por las características físicas solamente. Los chicos que llegan al consultorio se encuentran generalmente aplanados en su deseo, en una lucha contra sí mismos por lo que fueron en la infancia y por los ideales familiares y sociales. Usualmente no hay un pequeño espacio para sus deseos. Se encuentran abatidos por la soledad y la desesperación, aunque virtualmente puedan estar rodeados de cientos de amigos en las redes sociales.
Los síntomas se manifiestan de muchas maneras: Demasiado sueño, flojera extrema, cambios de peso, abuso de drogas, impulsos suicidas, anorexia, indiferencia, sentimientos de inferioridad, desesperanza, transgresiones de reglas sociales, problemas académicos, irritabilidad persistente, constantes cefaleas…
¿Cuáles habrán sido las diversas señales de angustia, dolor o temor que lanzaron los muchachos de los casos que les conté en un principio? Seguramente fueron varias pero es ciertamente muy difícil para los padres o profesores darse cuenta de ellas y otras veces simplemente no quieren saber nada. No es raro encontrarse con mamás que no se han percatado que el hijo ya creció y se niegan a soltarlo de a poco porque acaso haya la esperanza de conservarlo niño permanentemente. Algunas madres lo logran ¿no? Lo notamos en aquellos hombres que teniendo cuarenta y tantos, casados y con hijos no se desprenden de los pliegues maternos.
Por un lado, la sociedad consumista ofrece una promesa de felicidad si se compran tales o cuales objetos, con lo cual los muchachos (y no solo ellos) quedan amarrados al augurio de diversión, control propio y de los otros y ruptura de límites; por el otro lado, el gran desencuentro entre el padre y la madre, hace decaer la estabilidad al no poder llegar a los mínimos acuerdos que contribuyan a construir pactos con los hijos. La lucha por la vida aunada a la búsqueda del éxito contrastan con la desesperanza por el futuro, aleja a los padres y se cierra la comunicación con los hijos, que a su vez, prefieren salvaguardar para sí sus dificultades y dudas.
El desafío de los padres que quieren saber acerca de sus hijos para acompañarlos en la adolescencia es muy profundo en la actualidad, pues con mucha frecuencia no se entienden o no se aceptan sus ideas o anhelos, son criticados o reciben la burla de los adultos. Tampoco se entiende ni se admite su manera de acceder a la sexualidad. ¿Cómo abrir el dialogo sin que por eso se sientan amenazados? ¿Cómo advertirles de los peligros que los acechan sin prohibirles que se sigan relacionando con los otros y buscando amistades o dando lugar al amor?
Por ejemplo, hay 187 millones de sitios donde se pueden ver cuerpos desnudos; maneras de mostrar el cuerpo propio a un extraño sin que el pudor sea un asunto por considerar. De enviar y recibir mensajes, fotografías y videos para alimentar relaciones en tiempo virtual, sitios generalmente desconocidos para los padres. Creo que es necesario incursionar sin escandalizarse por esos espacios para poder orientar mejor a los muchachos y eso desde los más pequeños.
Encontré un pensamiento de Hebe Tizio, que es sencillo de leer, pero su aplicación… no resulta tan simple:
“El adolescente es un artesano que se encuentra en un momento delicado, que necesita una posición del adulto que no exagere ni dramatice las cuestiones pero que sepa detectar si es necesario una ayuda, un límite o un voto de confianza que deje hacer al adolescente”.

 

                                                        

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 Hoy vamos a abordar un tema muy escuchado en la actualidad, al cual suelen referirse los medios masivos de comunicación,  desde una óptica más o menos superflua, llena de lugares comunes y que no explican realmente nada, sino solamente recitan por ejemplo, que es una “enfermedad”  padecida por las adolescentes o las modelos.

Gracias a la orientación del dossier Anorexia de Michel Sauval, de la revista electrónica Relatos de la Clínica de Psicomundo, puedo presentarles tres distintas posiciones al respecto.

Comenzaremos por el  Dr. Cormillot, de origen argentino. Advierte que las personas con anorexia nerviosa reprimen el hambre para no engordar, lo cual las conduce a un ciclo de ayuno y pérdida de peso. Frecuentemente se ven gordas aunque estén por debajo del peso saludable.

Es más común en mujeres jóvenes, pero puede afectar a personas de cualquier edad. El desorden comienza por una sobrada preocupación por el peso y emprenden dietas y ejercicios extenuantes.

Como consecuencia, aparecen arritmias, trastornos menstruales, renales, debilidad, desnutrición, aislamiento, depresión y un comportamiento infantilizado.

Las causas que le atribuye son:

·         Componentes genéticos.

·         Problemas psicológicos como depresión, aislamiento y baja autoestima.

·         La influencia de los medios masivos de comunicación y de los ideales sociales que discriminan a los obesos.

El Dr. Cormillot ubica la anorexia como un campo nuevo, con casi 30 años de desarrollo solamente, colocándose como  fundador. Quizá ello haga más rentable sus libros, su clínica y sus dietas o acaso desconozca que ya Brisquet, en 1859, le nombraba a esta afección “anorexia nerviosa”. Lasègue, en 1873 la designaba “anorexia histérica” o “inanición histérica”. Tiene un estudio detallado de la misma, donde contrasta la inapetencia con experimentar apetito falso e imperioso o sentir apetito y a la vez  temor por alimentarse. Este psiquiatra junto con Gull  asoció la anorexia con la bulimia.

El Prof. Bacia en la Revista Electrónica de Psiquiatría, Vol. 3 No. 3, Sept. 1999, afirma que es un padecimiento conocido desde la antigüedad en la medicina griega. Hipócrates lo llamó asitia o inedia. En el siglo XVII (1669) Reynolds lo nombró “consunción nerviosa”.

 

¿Qué pensaron Freud y Lacan?

Freud.

Desde muy temprano (1892), Freud se interesó mucho más  por describir con detalle y precisión los síntomas de cada caso y no por realizar cuadros nosológicos. Prefirió inclinarse por  establecer  los mecanismos psíquicos que la componen. Por ejemplo, cuando pormenoriza el caso de una mujer que presenta repugnancia por la comida cada vez que daba a luz, entonces determinó que se trataba de una “histeria de ocasión”.

En “El Hombre de los Lobos”, uno de sus casos princeps, establece como la primera organización sexual  la canibálica u oral.  Quedó ahí apuntalada la pulsión de nutrición. Al amor lo enlazó  con la organización oral y le  gustaba ilustrarlo con  algunas frases usuales de  la vida cotidiana para expresar cierto ánimo de devoración como: “Te quiero tanto que te voy a comer a besos” o “eres tan dulce…”

De manera más generalizada enuncia  en algún momento que en las niñas púberes suele presentarse una neurosis que revela  la desautorización de lo sexual mediante una anorexia.

Freud asoció la neurosis alimentaria (anorexia nervosa de las niñas jóvenes), con la melancolía en presencia de una sexualidad no desarrollada:

§  Melancolía: Duelo por la pérdida de la libido.

§  Anorexia: Pérdida del apetito=libido

Aunado a lo anterior, Freud asienta la anorexia como un mecanismo histérico. La histeria es un dispositivo en el cual ante una representación penosa viene una escisión; la representación queda inhibida pero sale de otro modo que en apariencia nada tiene que ver con la representación rechazada.

Por ejemplo, Emmy von N. (1893) una paciente de Freud, presentaba angustia por comer “en exceso” o beber agua (sólo tomaba chocolate con leche y bebidas muy espesas). Esta repugnancia por la comida o a cierto tipo de bebidas, como el agua mineral, eran  acompañadas  por expresiones de asco y horror.

Freud utilizaba  todavía en ese tiempo la hipnosis. Mediante la aplicación de este método, ella dijo que cuando era niña y no quería comer su plato de carne, su madre, una mujer muy severa,  la obligaba a zampárselo aun y cuando ya hubieran pasado dos horas. Así, la carne estaba fría completamente y la grasa se había vuelto rígida (hacía en ese momento expresión de asco); las expresiones de horror aparecieron cuando habló de tener que comer junto a sus hermanos que padecían enfermedades contagiosas, uno de ellos escupía constantemente pues estaba tuberculoso.  En cuanto al agua, (otro gesto de horror se deja ver) relata que  cuando tenía 17 años,  estando de vacaciones la familia, todos bebieron  agua mala. Ella fue quien se enfermó más seriamente.

A partir del momento en el que Emmy von N. habla de estos episodios, desapareció  la dificultad para alimentarse y beber agua.

Freud narra brevemente otro caso, en el cual un jovencito no podía abrir la boca para comer, pues un hombre en un baño público le pide que chupe su pene.

En síntesis, para Freud la anorexia se constituye con una serie de síntomas que componen la histeria y que también se relacionan con la melancolía así como con la pulsión oral, (desplegada como tal esta última en 1905, en su Ensayo de Teoría Sexual).  

Si los síntomas son analizados caso por caso, es más correcto ubicar el término “anorexias” porque no se trata de una sola manera de manifestarse sino que responden a la singularidad de cada sujeto.                

 

 Lacan

El amor es un don. La frustración es el rechazo del don. Como el don es de un orden simbólico, separado ya del objeto de satisfacción (el que sacia las necesidades básicas de un bebé como hambre, sueño, etc.), no causa sino una decepción. La satisfacción a nivel simbólico sólo es un sustituto, pues el objeto está perdido. Es la dolorosa dialéctica el objeto ahí y jamás ahí, presencia-ausencia, como cuando el niño estalla en júbilo al esconderse y reaparecer.

Ejemplo: Una nieta de Freud, muy pequeña, se enfermó del estómago por lo que no podía comer lo que más ansiaba: unas ricas frambuesas. Sin embargo, sueña que las come. Sueña con lo imposible, eso es el orden simbólico, ya que es una nada, ahí no hay frambuesas. Es el deseo de lo imposible. El objeto real toma valor de símbolo, ese es el deseo inconsciente.

El seno de la madre erotiza la zona oral, pues fue un objeto de satisfacción, rol esencial que ha hecho que pase a ser colocado en el plano del deseo en tanto que pasa a ser del orden simbólico. En la anorexia mental, como Lacan la llama, el síntoma da una satisfacción sustitutiva en lugar de simbólica a lo que no falta, es decir, el objeto de satisfacción. Se le ve a la madre como toda potencia, conteniendo en su cuerpo todos los objetos primitivos reunidos, los síntomas son el intento por simbolizarlos, es por eso que la anorexia es un deseo de comer nada y no de no comer nada.

Mientras que a la madre se ve como toda potencia, el niño se refleja en el espejo como impotencia, suscitándole  depresión. En este punto, el niño genera un poder, el único posible contra toda potencia con el que  produce la dimensión del negativismo en forma de acción,  que se dirige a atacar esa dependencia del niño hacia la madre, de ahí su negativismo a comer.

La madre todopoderosa fracasa en su poder pues es el niño quien ejerce ahora el dominio: se alimenta de nada. Se erige como amo de la madre, que está a las órdenes de su capricho. El niño se convierte pues en toda potencia.

La frustración puede siempre abrir la puerta a la regresión, los síntomas anoréxicos sustituyen la posibilidad simbólica.

En la anorexia hay una ausencia importante: la intervención del padre, que pueda marcar en la madre el que ella no es todopoderosa sino que es también sujeto que desea, pues está también en falta.

Para terminar

Las explicaciones de ambos psicoanalistas son muy atractivas porque favorecen interrogantes, por ejemplo pensando con Lacan ¿Qué ocurre con el imaginario, de tal manera que la chica con síntomas anoréxicos se mira en el espejo como si fuera otra, es decir, más gorda?

Por otro lado, ¿será el mismo mecanismo de las anorexias el del alcohólico, que también ejerce su única libertad en la bebida?

Freud invita a seguir pensando el lazo de las anorexias  y la melancolía, relacionado con el dolor por vivir.

Por último podemos percatarnos que las explicaciones del Dr. Cormillot, se quedan a un nivel simplemente de ideales sociales, superficialidad y mercadotecnia, pues es a partir de sus conceptos y de creerse el poseedor de un nuevo saber, que surge la idea de la interdisciplinariedad para abordar estas afecciones, donde finalmente se diluye el sujeto que tendría algo que decir de qué es lo que le ocurre, a alguien que le sepa escuchar.

 

 

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