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El Diván del Psicoanálisis

Encontrar tus respuestas…

Tag Archives: jóvenes

La depresión en un adolescente o en un joven puede ser tan profunda que lo hace capaz de convertirlo en un suicida en potencia. Es un tema muy angustiante que los padres preferiríamos no pensar. Es natural que te cueste mucho trabajo escuchar a tu hijo y comprender lo que le ocurre, no porque seas un mal padre sino porque es un hecho que solemos ser más o menos sordos y ciegos con los seres más cercanos, entonces tendemos a desestimar las manifestaciones inquietantes que se van dando con los días como las amenazas de matarse o de hacerse daño, pensando que son solo un intento de aplicar chantajes manipuladores para llamar la atenció

Entre los adolescentes y los jóvenes existe con cierta frecuencia una atracción hacia la muerte. La tendencia suicida no necesariamente es matarse en un solo acto definitivo como lo es tirar del gatillo de una pistola, también lo es destruirse poco a poco, deteriorarse a sí mismo, es el caso del uso de las drogas. Incluso la animadversión y el agravio que siente hacia su existencia despiertan el deseo de lesionar a otros física y mentalmente.
No siempre hay claridad para una persona de que quiere suicidarse, pero actúa de manera tal que su actitud es inquietante, como los jóvenes que conducen ebrios a toda velocidad después de un reventón o los que practican deportes de alto riesgo o quienes conducen motocicletas a fuertes velocidades. Sin embargo, su comportamiento general es lo que se da en llamar “normal”.
Hay quien muere para otro, como cuando una chica fragua pensamientos suicidas porque la dejó su novio. Fantasea que él sentirá remordimientos por haberla abandonado y que con su muerte lo castiga haciendo perpetuar su arrepentimiento para siempre. Sin embargo, queda fuera de su alcance pensar que de nada serviría echar a perder la vida de nadie pues no estará más para presenciarlo.
Otros motivos para intentar un suicidio son el temor a la vida presente o futura, a sus retos y dificultades. Hoy muchos jóvenes no quieren crecer porque se dan cuenta de que el futuro no es alentador y extienden su dependencia a los padres hasta muy tarde. A veces creen que los logros tienen que ser inmediatos y sin esfuerzo. No alcanzarlos de manera rápida y sin obstáculos provoca frustración, resentimientos y enojo contra los que le rodean y contra si mismo, se instala aquel sentimiento de ser un “loser”, como lo escribí en el artículo anterior.
El muchacho que se siente menos, despreciado, ignorado o criticado por los maestros, los padres, la familia, los amigos, o poco atractivo en el amor, incuba el desdén por la vida. Quisiera ser admirado y amado y no soporta las carencias.
Hay grupos de adolescentes cuyo ideal es lastimarse a sí mismos como una manera de reaccionar ante el desencanto por la vida. Es el caso de algunos Emos, que con tal de ser reconocidos como parte del grupo se lastiman cortándose la piel, queriendo mostrar con eso que son valientes y hacen lo que el grupo pide de ellos. En el artículo sobre los Emos, varios chicos comentaron el odio que sienten hacia sus porque no les permiten ser Emos, queda la interrogante de cómo proceder en estas difíciles situaciones, si prohibir o permitir y hasta qué punto.
COMO DETECTAR QUE TU HIJO ESTA EN PROBLEMAS
– Con las prisas modernas, ocurre que vemos muy poco a los hijos y en general no tenemos mucho tiempo para detenernos en los sucesos cotidianos de sus vidas. Es importante propiciar que ellos nos platiquen lo que les pasa en el día, con los maestros, los amigos, novios o novias o las actividades extracurriculares y cuáles son las emociones que transmiten al contarlo, si es de enojo, de gusto, alegría, tristeza, o si intentan ocultar sus malestares.
– Continuamente se escucha de los padres del hijo adolescente que éste se opone a todo y es imposible hacerlo obedecer sin llegar a una discusión fuerte y agotadora. Es bueno preguntarse por qué hay un nivel de negatividad tan elevado y por qué casi es imposible llegar a acuerdos. Puede suceder que el muchacho esté sumamente disgustado por algo que no ha dicho y su respuesta sea la oposición. Cada vez que se guardan más silencios entre padres e hijos, un abismo se abre entre ambas partes y eso dificulta saber si tu hijo está afligido por algo que lo lleva a un estado de pesimismo y exasperación. Tal vez tu hijo siente que no tiene lugar nada de lo que desea, que en nada se le escucha y no tiene confianza para decírtelo pues da por hecho que no lo vas a comprender, ni siquiera lo vas a atender y lo que es peor, le vas a salir con un “choro” de lo que “debe ser”, o sea un aburrido sermón que está ya cansado de “soplarse”. Por tanto, siéntate a dialogar intentando no lanzar discursos, críticas o prejuicios.
-Observa si tu hijo tiene accidentes constantes. Las caídas, las rupturas de huesos, los choques en el auto no son siempre obra de la casualidad. Si está buscando actividades peligrosas, por supuesto no le compres una motocicleta o le des las llaves del auto. Reflexiona al respecto y considera la posibilidad de que se trate de un afán de lastimarse a sí mismo e incluso de destruirse.
-Si notas que tu hijo es apático y no tiene interés ni ganas por nada, la escuela no le interesa, se aísla y no busca la compañía de otros, se encierra por horas en su cuarto con la computadora, es muy probable que esté deprimido. Esta conducta está ligada muy frecuentemente con problemas como los procesos de divorcio, la violencia o la indiferencia familiar. En estas situaciones es muy bueno buscar ayuda especializada, pues es evidente que no solo el muchacho se encuentra mal sino el resto de la familia.
En conclusión, abrir el dialogo, es una clave importante, como lo es igualmente buscar ayuda con alguien preparado para escucharte cuando sientes que no encuentras salidas.

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Noticia del día 12 de marzo: Previa advertencia por medio de Internet, anunciando su fastidio por la vida y por los otros, vestido con un traje de combate y armado con una pistola, un ex alumno volvió a su plantel en Alemania para matar a 9 estudiantes, 3 profesores y a otras personas que encontró a su paso para suicidarse después. Dejó también a varios heridos en el camino. Se agrega luego: los mató en silencio, no dijo una sola palabra, sólo disparó el arma. Tenía 17 años. Una muchacha que fue su compañera comenta: “Era agradable, no era un solitario ni un macho”. El arma la tomó del arsenal de su padre.
Noticia del día 12 de marzo: Susana, de 15 años, fue secuestrada por una banda de tratantes de personas que buscan vender a las chicas con fines de explotación sexual. Fue enganchada a través de una red social en Internet. Se reportó su desaparición desde enero. Gracias a la persistencia de su madre, fue finalmente encontrada (casi milagrosamente), al parecer en condiciones físicas y psicológicas muy deterioradas. Ese día de enero, después de chatear, sale en silencio a la terminal de autobuses y compra un boleto hacia la ciudad de México, que le fue vendido sin mayor averiguación, aun siendo una menor de edad. Parte con una promesa: será una gran cantante. Sigue los pasos del destino, convencida de que alguien la comprendía y la iba a ayudar a realizar ese sueño. Otras adolescentes son persuadidas en veinte minutos de que van a ser grandes modelos, grandes estrellas de cine. Ricas y famosas, todo exorbitante. La mamá de Susana declara: “Cuando escuchaba de estos casos, yo decía: ‘A mí nunca me va a pasar’ y de pronto me pasó”      

                                                                              
Megan de 13 años pensó que había hecho una nueva amistad en el ciberespacio con un chico guapo. Se escribieron por un mes. El romance terminó cuando él le dijo haber escuchado que ella era cruel. Al día siguiente, la chica se suicida. Después la familia se entera que el jovencito no existía, era tan solo una invención de la mamá de una ex amiga de Megan.
¿Se percatan que en los tres casos reina el silencio, el desamparo, la ausencia de un padre y una enorme distancia entre padres e hijos?
Una primera interrogante que me surge es ¿cómo están interviniendo los tan anhelados objetos de deseo, los llamados gadgets en la vida de los adolescentes?
David Cronenmberg, cineasta canadiense, director de películas como Crash, Spider, la Mosca, aborda temas de ciencia ficción combinadas con inventos de alta tecnología, y nos revela cómo la televisión por ejemplo, se encarna en el espectador quedando dominado por las pulsiones (película Videodrome). Eso mismo podemos reconocer en Crash.     

                                                                                                                               
Los gadgets (computadoras, Ipods, videojuegos, teléfonos celulares, etc.) influyen y modifican las relaciones entre las personas y crean nuevas modalidades de vivir, de amar, de gozar y de sufrir desde que se han vuelto extensiones del propio cuerpo. Son los nuevos objetos de deseo que dan una sensación de poder y de control sobre sí mismos y sobre los otros, creyendo que se rompe a través de ellos lo imprevisible. Sin embargo, a través del uso disparatado de éstos se pueden jugar hasta los prestigios lastimándolos permanentemente mediante el ciberbulling. Son nuevas formas de violencia. Se engendra una dependencia hacia los objetos a la vez que quedan erotizados.       

                                                                                                        
Se ha instaurado un mundo privado y hasta secreto, donde los adultos tienen poco acceso. Los jóvenes son parte de una nueva carne, que se grava también a través de los tatuajes y el piercing, tal vez como una manera de preservar la identidad subjetiva o la necesidad de explorar nuevos límites en el cuerpo, de ir un poco más allá. Freud, en sus “Tres ensayos de teoría sexual” (1905) revela cómo la piel es fuente de excitaciones placenteras y dolorosas tornándose en una zona erógena.
La siguiente interrogante que quiero plantearles: ¿Cómo se juegan los ideales sociales en los adolescentes?
Los chicos buscan gozar un poco más a través de las drogas y el abuso del alcohol, es transgresión aunada a la declinación de la ley paterna. Igualmente los adultos buscamos huir del dolor y también transformamos nuestras carnes mediante la aplicación de cirugías estéticas en busca de la juventud eterna, que no nos haga caducar a los 35 años.
Ellos, como nosotros, no están exentos del ideal social del deber ser feliz para siempre. Escúchenlo bien: es un deber. Así enganchan en el anhelo desesperado por el reconocimiento social, la fama y el dinero como vías para lograrlo. Esta búsqueda ansiosa y exaltada por el menor dolor y la mayor felicidad, se ve desafiada por una constante falla por atraparla, lo cual hace pasar de la euforia a la depresión. Aquello que supuestamente habría de proporcionar el goce sólo es un espejismo que los enfrenta a su propio vacío.
La adolescencia es una época de elecciones, de reconsideraciones de la niñez, una nueva ubicación en el mundo de su sexualidad no organizado por las características físicas solamente. Los chicos que llegan al consultorio se encuentran generalmente aplanados en su deseo, en una lucha contra sí mismos por lo que fueron en la infancia y por los ideales familiares y sociales. Usualmente no hay un pequeño espacio para sus deseos. Se encuentran abatidos por la soledad y la desesperación, aunque virtualmente puedan estar rodeados de cientos de amigos en las redes sociales.
Los síntomas se manifiestan de muchas maneras: Demasiado sueño, flojera extrema, cambios de peso, abuso de drogas, impulsos suicidas, anorexia, indiferencia, sentimientos de inferioridad, desesperanza, transgresiones de reglas sociales, problemas académicos, irritabilidad persistente, constantes cefaleas…
¿Cuáles habrán sido las diversas señales de angustia, dolor o temor que lanzaron los muchachos de los casos que les conté en un principio? Seguramente fueron varias pero es ciertamente muy difícil para los padres o profesores darse cuenta de ellas y otras veces simplemente no quieren saber nada. No es raro encontrarse con mamás que no se han percatado que el hijo ya creció y se niegan a soltarlo de a poco porque acaso haya la esperanza de conservarlo niño permanentemente. Algunas madres lo logran ¿no? Lo notamos en aquellos hombres que teniendo cuarenta y tantos, casados y con hijos no se desprenden de los pliegues maternos.
Por un lado, la sociedad consumista ofrece una promesa de felicidad si se compran tales o cuales objetos, con lo cual los muchachos (y no solo ellos) quedan amarrados al augurio de diversión, control propio y de los otros y ruptura de límites; por el otro lado, el gran desencuentro entre el padre y la madre, hace decaer la estabilidad al no poder llegar a los mínimos acuerdos que contribuyan a construir pactos con los hijos. La lucha por la vida aunada a la búsqueda del éxito contrastan con la desesperanza por el futuro, aleja a los padres y se cierra la comunicación con los hijos, que a su vez, prefieren salvaguardar para sí sus dificultades y dudas.
El desafío de los padres que quieren saber acerca de sus hijos para acompañarlos en la adolescencia es muy profundo en la actualidad, pues con mucha frecuencia no se entienden o no se aceptan sus ideas o anhelos, son criticados o reciben la burla de los adultos. Tampoco se entiende ni se admite su manera de acceder a la sexualidad. ¿Cómo abrir el dialogo sin que por eso se sientan amenazados? ¿Cómo advertirles de los peligros que los acechan sin prohibirles que se sigan relacionando con los otros y buscando amistades o dando lugar al amor?
Por ejemplo, hay 187 millones de sitios donde se pueden ver cuerpos desnudos; maneras de mostrar el cuerpo propio a un extraño sin que el pudor sea un asunto por considerar. De enviar y recibir mensajes, fotografías y videos para alimentar relaciones en tiempo virtual, sitios generalmente desconocidos para los padres. Creo que es necesario incursionar sin escandalizarse por esos espacios para poder orientar mejor a los muchachos y eso desde los más pequeños.
Encontré un pensamiento de Hebe Tizio, que es sencillo de leer, pero su aplicación… no resulta tan simple:
“El adolescente es un artesano que se encuentra en un momento delicado, que necesita una posición del adulto que no exagere ni dramatice las cuestiones pero que sepa detectar si es necesario una ayuda, un límite o un voto de confianza que deje hacer al adolescente”.

 

                                                        

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